Una historia de tantas...
Nació en un pequeño pueblo de España, hace más de medio siglo, cuando el ambiente aún rezumaba conflictos, muertes, tristeza y austeridad… pero creció aprendiendo a ser feliz, por encima de las circunstancias, sin complejos, y con una mente independiente…
Era la mayor de cinco hermanos y, como se acostumbraba en la época, pronto la sacaron de estudiar, para cuidar a sus hermanos, ayudar a su madre y atender la casa… quizá por eso siempre tuvo ese hambre de aprender por ella misma, de conocer y de trascender, porque siempre pensó que le arrancaron de cuajo la oportunidad de llegar a ser alguien… aunque lo suplió con creces…
Siempre estuvo adelantada a su tiempo, su juventud estuvo plagada de aventuras de las que contar a los nietos, de las que incluso se podrían hacer películas que seguramente bordaría Almodóvar, quien la conocía bien, pelis de esas de historias de mujeres, de mujeres como ella…
Como cualquier chica de pueblo, llegada una edad se trasladó a Madrid, a probar suerte en el trabajo, y a vivir la ciudad en estado puro…
Encontró el amor desmedido en un hombre guapo, apuesto, algo mayor que ella, y a pesar de las advertencias, se puso el mundo por montera y se unió a él en Santo Matrimonio…
No era mal hombre, de hecho era buena persona, pero la vida le negó una familia al uso y ese concepto nunca lo tuvo demasiado interiorizado. Hijo único de artistas, músicos y bailarines, siempre estuvo de acá para allá, en periodo de guerra y postguerra, y criado por personas diferentes a sus padres. Tuvo una educación exquisita pero carente de cualquier referente.
Ella fue muy feliz a su lado, su amor fructificó con un vástago. Pero pronto a él se le hizo cuesta arriba lo de responsabilizarse de una familia. Nadie le enseñó qué es la fidelidad, y las carencias afectivas de su infancia le hicieron ir detrás de toda aquella mujer que acariciaba su rostro, como hipnotizado por un amor efímero. Daba igual edad, nacionalidad, o color…
Ella se volcó en su hija e intentó evitarle todo el dolor de la ruptura que le devolvería la dignidad, se tragó el odio para que la pequeña nunca supiera qué era eso, y es que repito, conceptos que no conoces son difíciles de reproducir, y su hija nunca supo qué es el odio o el rencor, porque ella siempre le habló de amor, entrega, perdón y libertad. Aunque estaba rota por dentro…
De los momentos difíciles cuando no tenía casi ni para dar de comer a su hija no os voy a hablar, porque los superó siempre con tesón, fe y sentido del humor… fue capaz de quitarse comida de la boca con tal de que ella estudiara y se convirtiera en una mujer independiente que pudiera forjarse un futuro sin tener que depender de nadie…
Son sólo pinceladas de una historia de esas de mujeres coraje, adelantadas a su tiempo, disciplinadas en amor, y escarmentadas, como habrá tantas, pero que han sabido y todavía hoy saben invertir lo bueno y lo malo de sus vidas en legados eternos que nunca nos serán quitados…



segunda-casa-de-meiga dijo
Cuantas mujeres hay así, anonimas ciudadanas...
3 Agosto 2008 | 11:22